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Ericka Isabel González Angeles

¿Dónde están nuestros egresados? — Autor: admin publicado: July 22, 2015 a las 9:34 pm

Cuando me invitaron a escribir esta reseña pensé, “¿qué puedo decir de mi propia experiencia y compartir sobre mi vida profesional, que sea objetivo y que realmente sea interesante para los lectores del boletín?” Nada fácil, sobre todo cuando la vida nos lleva por muchas experiencias de todo tipo. De pronto es difícil detenerse un poco para evaluar y ver hacia atrás. Nuestra historia, todo lo que hemos hecho y cuánto nuestra formación, profesión y vivencias personales acumuladas hasta ahora, han contribuido a lo que somos hoy. Así que pensé que sólo hablaría de mí ☺.
Estudié Contaduría Pública en la Universidad la Salle ya hace algunos “ayeres”. Soy graduada de la generación 2001. La última con cinco años de curso, ¿y saben qué? Me siento afortunada, no sólo por haber decidido estudiar esta carrera, sino porque, honestamente, disfruté tanto mi tiempo universitario que volvería a hacerlo casi igual, a excepción de que estudiaría menos y aprendería más de la vida.
En los cinco años que duró mi curso de Licenciatura en Contaduría, aprendí sobre los temas técnicos importantes y sufrí con algunos que no me eran fáciles, pero que siempre me aferré en entender, invirtiendo tiempo, energía y conociendo a gente maravillosa que aún forma hoy parte de mi vida. A pesar de no estar segura de estudiar esta carrera y estar a punto de salirme de la escuela en el segundo semestre, hoy, pasado el tiempo, estoy convencida de que fue una decisión correcta y que las herramientas que obtuve, no sólo técnicas, sino extracurriculares y humanísticas, me han llevado a a tomar decisiones por ya casi 14 años, de las cuales me siento plena, orgullosa y sobre todo feliz.
Siendo potencial licenciada en Contaduría, las ofertas de trabajar en auditoría llovían, pero yo siempre estuve convencida de que eso no era lo que quería hacer. Así que disfruté mi tiempo de escuela sin trabajar formalmente, excepto por algún semestre en el que participé como becaria, nada serio, pero sí con mucho aprendizaje.
En el año 2001, una vez graduada, empecé a trabajar como auxiliar de forma independiente y apoyando el negocio familiar, pero no fue sino hasta finales de 2003, cuando finalmente obtuve mi primer trabajo formal como auxiliar contable en una empresa corredora de seguros internacional . Este trabajo se convirtió en todo un reto, no sólo por entender que la escuela sólo nos da herramientas, sino que lo más importante es la formación de criterio y que esto, si está reforzado con principios con los cuales comulguemos, nos puede hacer alcanzar cualquier objetivo.
Durante esta primera experiencia enfoqué mis conocimientos. Además de aprender y tener muchos tropiezos, logré resultados interesantes para la empresa y propios. Desde el punto de vista profesional, en las áreas relacionadas con sistemas de información enfocados a finanzas y control interno, manejo de recursos financieros, obteniendo así, más que ascenso e incremento salarial, el conocimiento sobre mi potencial y sobre las cosas en las que podía influir. Aún teniendo que aprender mucho y reforzar mis habilidades técnicas y profesionales, pero entendiendo también que eso es parte del proceso de formación profesional que empieza, en mi opinión, una vez que salimos del aula universitaria.
Para 2006, ya había obtenido un ascenso y crecimiento profesional. Por fortuna, me encontraba en un lugar en el que podía aprender y aportar. Fue entonces que inicié el estudio de una Maestría en Administración. En ese momento, consideraba que mi experiencia profesional era suficiente para poder aprovechar al máximo un posgrado.
Para 2007, ya trabajaba como supervisora regional de una empresa corredora de reaseguros, empresa hermana de la compaía en la que inicié mi trabajo formal. Ahí aprendí muchas más cosas más, por encima de lo técnico, a aprender y conseguir lo mejor de las personas, incluso a larga distancia y con otras costumbres, cultura e incluso idioma.
En 2009, tuve la oportunidad de hacer un intercambio académico en Estocolmo, Suecia. Así reforcé aún más, la necesidad no sólo de hacer valer el talento y las capacidades de la gente de nuestra región Latinoamérica, sino de todo aquello que aún tenemos por explotar y de que podemos aprender a través de otros. Más que imitar, aprender de los aciertos y errores de otras culturas, empresas, personas, para poder avanzar en nuestro desarrollo personal. Siempre he tenido la idea de que lo que se aprende a través del trato con personas distintas, en cualquier sentido, puede hacernos crecer más de lo que pudiéramos aprender académicamente. Así obtuve la mayor información posible, pero sobre todo, aprendí mucho de cómo se nos ve a México y a los mexicanos en otras partes del mundo, así como de todas las posibilidades que aún no tenemos descubiertas.
A partir del año 2010, trabajé para una empresa dedicada al desarrollo internacional, en la cual terminé de convencerme de que el desarrollo profesional no puede ir desligado del desarrollo humano y de que el profesional debe amar lo que hace para realmente poder ayudar a otros de acuerdo con sus capacidades y su trabajo. Trabajé en esta empresa internacional con sede en Washington USA, en la cual consolidé mi convicción de que mi formación humanista me ha dado las herramientas necesarias, no sólo para sobrevivir en un mundo laboral competitivo y escaso de oportunidades, sino que las oportunidades las puede generar uno mismo y no es necesario cambiar sus valores o sus convicciones para lograrlo.
Hace dos años decidí emprender un negocio en otro país, específicamente en Estados Unidos. Ahí experimenté lo que implica el emprendimiento y la responsabilidad de otorgar un servicio o proporcionar un producto a una población determinada, desarrollando, desde el punto de vista profesional, habilidades de adaptación y de entendimiento de otra cultura, pero ya de forma directa, no a través del “paraguas” que puede ser trabajar para una empresa en otro país, sino hacer todo yo, por mí y sólo conmigo. Una vez cumplido mi objetivo, regresé a México, por la misma razón por la que decido compartir esto con ustedes: porque sigo creyendo que la familia es lo más importante y es el único lugar en en el que podemos estar bien y seguros . Nada, por más ensoñador que parezca, es tan hermoso como estar con la gente que amas.
Luego de mi regreso a México, tuve la oportunidad de apoyar a la empresa de desarrollo con quien colaboraba antes de decidír emprender el negocio en los Estados Unidos. Ahora realizo actividades de responsabilidad corporativa y financiera de los negocios que tienen actualmente en México y en donde me da mucho orgullo decir, que si bien mis habilidades técnicas y profesionales les hace confiar en mí, lo hacen más por mi capacidad de vivir y trabajar con base en mis valores.
Sostengo y estoy convencida de que la capacidad de entender a personas diferentes y poder tolerar las diferencias en cualquier circunstancia que nos encontremos, nos hará experimentar cosas nuevas y crecer cada día como seres humanos. Sin embargo no podemos pretender hacer este ejercicio si no contamos con valores humanos y morales firmes y profundos, que puedan hacer la diferencia.
Hoy me encuentro feliz haciendo lo que hago, porque lo considero para mí un “deber” y sigo desarrollando mis habilidades empresariales a través del emprendimiento.

Indivisa Manent

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