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Enrique Castillo D’Arbell

¿Dónde están nuestros egresados? — Autor: admin publicado: July 22, 2015 a las 9:34 pm

Mi madre: alta y rubia, originaria de Tampico Tamaulipas, de padre Francés. Mi padre: bajito y moreno, originario de la Ciudad de México, fue hijo de un orgulloso Militar de la Revolución. Tuvieron seis hijos con una simetría casi muy especial: dos hombres y cuatro mujeres. Tres güeros y tres morenos; yo era el cuarto, con dos hermanas más chicas y otras dos más grandes.
Cuando estábamos todos juntos, parecíamos vecinos; unos de pelo lacio, otros con pelo chino, tres con ojo claro, los otros cafés, en fin una familia sui géneris. Cuando tenía cinco años, me gustaba jugar con un triciclo, principalmente jugaba en familia, en ocasiones salía con mis vecinos de la cuadra. Una vez me aventuré a ir lejos (a tres cuadras de casa), desde entonces me gustaron los retos y las aventuras. Algunos iban en bici, otros en carros o cualquier otro vehículo. Me gustaba organizar juegos e inventar las reglas para hacer que todos se divirtieran.
Los juegos eran: futbol, carritos, béisbol, volibol, futbol americano, entre otros. En muchas ocasiones, jugábamos con los juguetes de un vecino y al día siguiente, le tocaba a otro. Los carros, aviones, muñecos, soldados, eran cosas del día a día. Siempre había algo que hacer entre tantos vecinos. En ocasiones, hasta de noche se organizaban juegos como escondidas, tocados, quemados. Cuando me quedaba en casa, me gustaba revisar mis juguetes. Analizaba su funcionamiento, ver las piezas que se movían internamente. Mi padre tenía mucha herramienta, contaba con un lugar para reparar cosas de la casa. Le gustaba mucho hacer muebles de madera o reparar cualquier cosa, le ayudaba. Al terminar la primaria en 1976, me inscribieron en la secundaria técnica 43. Seleccioné el taller de Electricidad y allí me inicié en la conexión de lámparas, contactos, apagadores. y otras cosas.
Eso me llamó la atención y me divertía, dado que eran puros hombres y las travesuras estaban a la orden del día. Tenía grandes habilidades técnicas, incluso, un compañero de apellido “Mares”, me invitó a prepararnos para el examen a la vocacional. Mares era uno de los más estudiosos de la secundaria, así que me sentía muy bien al ingresar al grupo de los estudiosos.
Acudíamos todos los sábados a estudiar a la Vocacional Wilfrido Massieu, a sudar los libros, entre otros muchos que también buscaban una oportunidad a nivel bachillerato. Nosotros pasamos el examen. Me quedé en la Vocacional 4,y mi amigo Mares en la 9. Para 1985 iniciamos nuestros estudios, efectivamente, el mismo año del temblor.
Me gustaban los deportes, así que hice una combinación de estudios y deporte. Entré al equipo de béisbol y de futbol americano en el equipo Jaguares. No logré hazañas en el deporte, pero me gustaba jugar tochito con los vecinos en la calle, los vehículos no pasaban porque estábamos jugando y se contaba con una abundante asistencia. Probablemente era por los tremendos golpes que nos dábamos entre carros y con las banquetas o el pavimento.
Ahí conocí a una mujer que me ha acompañado en mi vida de estudiante, profesional y de pareja. Una persona muy especial para mí, por su gran apoyo en todos aspectos. Al terminar la vocacional, me enteré de que Mares no había podido terminar la vocacional, incluso la dejó por un tiempo. Fue una lástima ver que un talentoso estudiante no había podido con la estúpida disciplina de la afamada vocacional Juan de Dios Bátiz.
Apliqué examen para estudiar una carrera en el IPN. El resultado fue “favorable” y me quedé en la Escuela Superior de Física y Matemáticas. Sí, después de ser de un estudiante por debajo del promedio, estaba a punto de estudiar lo que pocos pueden y quieren, una carrera muy demandante. Sin embargo, busqué algo que me gustaba. Se dio la oportunidad de inscribirme a ESIME Culhuacán, a tres cuadras de mi casa. Me inscribí en 1988 en la carrera de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica. Después de los primeros semestres, empecé a hacer ejercicio en un gimnasio, ya que pesaba apenas 60 Kg.
La carrera y el gimnasio avanzaron rápido. A veces salí de la escuela a las 10PM y me ponía a jugar volibol con los vecinos. Mis compañeros sufrían sus estudio. La verdad es que era pesada para todos. Aunque la cercanía con mi hogar me brindaba una ventaja sobre cualquiera de mis compañeros.
Antes de terminar la carrera me inscribí en una competencia de fisicoculturismo, ya con un peso de 75 Kg, me gané una medalla de bronce. Poco después terminé la carrera 1993. Mis compañeros me invitaron al seminario de titulación, me lo pagaron. De esta forma nos ayudamos mutuamente. Ellos tenían trabajo, pero no tiempo. Yo contaba con tiempo porque no tenía un empleo. Todos ganamos.
Elaboré la tesis, claro, también ellos participaron en menor proporción. Obtuve mi cédula profesional y fue entonces que inicié la búsqueda de empleo. No fue fácil, así que un conocido de mi padre, me dio la oportunidad de ser el empleado número dos en su recientemente constituida empresa. Al cabo de seis meses, se me presentó la oportunidad de entrar en Banco Internacional en el área de Telecomunicaciones, posteriormente entré a Prosa Carnet en el área de POS.
Un año después, me llamaron para arrancar la operación del Banco alemán Dresdner Bank en el área de Tecnología, siempre en franco ascenso. En 1997 me casé con la mujer que conocí de estudiante y con la que aún vivo muchas otras aventuras personales muy interesantes. Unos años después, se dio una muy buena oportunidad en Bank Boston, en Tecnología. Donde formé parte del equipo que hizo precedente en el mercado financiero mexicano con el primer concepto de Banca Patrimonial enfocado al 2% de la población en México.
Recibí la prestación de estudios de Maestría, por mi esfuerzo. No dudé en tomarla. Después de ver algunas alternativas, consultar a mis compañeros de trabajo, ya avanzados en sus estudios de Postgrado, me recomendaron ampliamente estudiar en la Universidad La Salle, donde cursé Administración.
Todo esto fue muy complejo porque trabajaba en Santa Fe, estudiaba en Benjamín Franklin y vivía en Iztapalapa. No me era posible presentar varias materias. Así que registré pocas materias en cada cuatrimestre. Entre el trabajo, la maestría y la familia, se me pasaba el tiempo volando. Sobre todo porque en 2000 nació mi primer hijo, Isaac.
Un día amanecimos con los noticieros de los Estados Unidos en los monitores de la Mesa de Dinero, escuchando el reportaje en el que nos mencionaban: Bank of America (BofA) compra a Bank Boston (BKB). Viví en carne propia una fusión. Me seleccionaron para formar parte del nuevo equipo de trabajo. Al mismo tiempo me daba mis escapadas al rafting, en tres ocasiones.
En ese entonces tenía un fuerte gusto por los deportes extremos. Al poco tiempo concluí la Maestría. Recuerdo muy bien una escena: cuando presenté en RH mi último recibo para reembolso de materia, me felicitaron por aprovechar el 50% de la beca que otorgaba por el Banco, y le mencioné a mi compañera ¿Cuál 50%? Me pagaron el 100% y no se habían dado cuenta, hasta que me pagaron el último comprobante.
Creo que fui el único que disfrutó de este beneficio, bajo estas condiciones. Posteriormente, el currículum hablaba por sí solo, gracias a la Maestría en La Salle.
Con mi hija recién nacida, en 2006, entré a Spira al área de Tecnología, dedicada a la tarjeta de crédito para un nicho de mercado en México. Al cabo del tiempo se convertiría en la tarjeta de crédito de Banco Invex, llamada SI CARD, donde estuve unos años. Y para sumar la adrenalina,decido dar un salto en paracaídas. Fue una experiencia única, la cual recomiendo para todos aquellos que buscan una momento especial.
Recuerdo una fecha muy especial: el día 11-11-11, me confirmaron la entrada a una prestigiada firma de abogados internacional de nombre White & Case, en la que se manejaban casos de mucho dinero, algo que jamás había visto. En un breve espacio de tiempo se dieron resultados sobresalientes. Me cambié a Scotiabank para el proyecto de migración de la plataforma de tarjeta de crédito. Llegué a Banorte para atender la red de cajeros automáticos de toda la república.
Ahora estoy como Director de Proyectos en Muscogee Latin America, nuestro principal cliente es la Embajada de los Estados Unidos en México, gestionamos los proyectos asignados como parte de la Iniciativa Mérida, lo cual representa un impacto a nivel nacional.
Me siento satisfecho profesionalmente, pero principalmente de manera personal. Ya que, estoy al frente de temas de Seguridad Nacional para mi país y eso tiene un valor muy especial para mí.
El contar con una Maestría en Administración en la Universidad la Salle, me brindó una serie de oportunidades que no desperdicié, sacrificios, pero al mismo tiempo grandes satisfacciones. Un día me dijo mi padre: estoy orgulloso de ti. Lo cual recuerdo con especial cariño.
Indivisa manent.

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